Rena-ta.
Le llamé hogar a sus brazos, a ese cálido lugar, a ese hueco circular, que me acogió cuando el mundo me dio la espalda y no tenía en claro el dónde, afortunadamente sí el quién.
Aunque fue ella quien se fue primero a un viaje del que es técnicamente imposible volver:
voló a ese cielo con el que tantas veces se vino abajo.
Tormenta, eso es ahora.
La tormenta más bipolar y fría que me ha calado jamás.